Kagami Biraki -Ceremonia de «Romper el espejo»

Kagami-biraki

  El Kagami-biraki (鏡開き) es una ceremonia tradicional japonesa, cuyo nombre significa literalmente «ruptura del espejo». El término “espejo” hace referencia a un tipo de mochi (torta de arroz glutinoso), propio del Año Nuevo japonés, consistente en un adorno tradicional de dicha celebración, el cual está compuesto por dos mochi redondos, el menor colocado encima del mayor, y sobre éstos un tipo de naranja agria (daidai). Si bien el kagami-mochi es ofrendado actualmente en el altar shintoista (kamidana) o también colocado en el tokonoma ― una pequeña alcoba ubicada dentro de la habitación principal de la casa ―, y ofrendado así a los dioses que visitan el hogar durante el Año Nuevo, tradicionalmente se lo disponía por toda la casa, en diversos lugares.

  Se dice que los dos mochi simbolizan la ida del Año Viejo y la venida del Año Nuevo, el yin y el yang, o la luna y el sol. Por su parte, se dice que el daidai (cuya pronunciación es homónima del término “generaciones”) ​simboliza la continuación del linaje familiar de generación en generación.

  Este mochi ornamental, ofrendado el 1º de enero, es retirado el día 11. Para esta fecha, el mochi (usualmente blando) se encuentra ya endurecido, presentando ajaduras en su superficie, al cual se procede a partir en pequeñas piezas en un ritual denominado Kagami-biraki, para luego ser éstas ingeridas por los participantes a dicho ritual. La partición del kagami-mochi se realiza con las manos o con algún instrumento no cortante (dadas las connotaciones negativas que posee en japonés el verbo “cortar”, tales como “cortar la vida” o “cortar el vínculo”, entre otras), para tampoco dañar a los dioses presentes en el kagami-mochi.

El kagami-mochi apareció por primera vez en el período Muromachi (1336-1573). Se dice que el nombre de kagami (“espejo”) procede de su parecido con un antiguo tipo de espejo de cobre de forma redonda, el cual tenía también una importancia religiosa. Pero fue Ietsuna, el cuarto shōgun Tokugawa, el primero en celebrar la ceremonia del Kagami-biraki, hace unos trescientos años atrás. En vísperas de una batalla, Ietsuna reunió a sus señores feudales en el castillo de Edo para celebrar la seguramente futura victoria y, tras haber regresado ganador, el Kagami-biraki se convirtió en una nueva tradición a seguir.

  El Kagami-biraki constituye un ritual especialmente importante en los dōjōs de artes marciales. Fue incorporado por primera vez en el mundo marcial cuando el maestro Jigorō Kanō, fundador del jūdō, lo adoptó en 1884. Desde entonces, la costumbre de realizarlo se ha extendido a las demás artes marciales, para consagrar la primera práctica del año.

  Se trata de una ceremonia incluida en el marco de una clase. Primero se realiza una práctica o una demostración (o ambas) y luego, el kagami-biraki (la rotura del kagami-mochi). De este modo, la actividad marcial es la protagonista del día, como la de todos los otros días del dōjō: es un día más de práctica que incluye, al final, una suerte de brindis ceremonial.

  Actualmente, el Kagami-biraki se suele celebrar también en cualquier fecha que amerite una celebración importante, tal como bodas, eventos deportivos o fiestas propias de entidades comerciales.

Marcelo Carballal