Origami – Plegado de papel

Por el Profesor Marcelo Carballal

Breve historia del origami

  Determinar la fecha del nacimiento del origami (ori, plegado; kami, papel) es algo prácticamente imposible; dadas sus características, debe adoptarse como punto de referencia la elaboración de la primera hoja de papel. Sin embargo, aunque el papiro y el pergamino — utilizados con anterioridad al papel — eran materiales aptos para la escritura, no lo eran para el arte del plegado, dada la frágil consistencia de los mismos.

  El papel fue inventado en China alrededor del año 105 de la era cristiana, fruto del desarrollo de los materiales mencionados y por la necesidad de los escribas de perfeccionar su trabajo, reservado en aquellos tiempos a los sacerdotes y a los nobles. Podemos suponer que el plegado del papel haya también nacido en China, alrededor del siglo II, faltando seguros testimonios que precisen el día en que algún escriba se encontró casualmente plegando el papel en el cual estaba trabajando. Plegar el papel resultó, en cuanto se ha dado a suponer, una actitud casual e individual hasta su llegada al Japón, la verdadera patria del origami.

  Podemos afirmar que toda la cultura japonesa es un continuo desenvolvimiento de armonía y belleza. Pensar en Japón es pensar en forma, en una tierra de modelos, diseños y decoraciones, y en la cual su pueblo se encontró desde siempre inclinado a desentrañar todas las relaciones existentes entre forma y materia. Todas estas características están indisolublemente ligadas al profundo sentido de las tradiciones que sobrevivieron casi intactas, a pesar de que el Japón de hoy sea una poderosa nación industrializada.

  El ingreso oficial del origami en la cultura japonesa data del siglo IX, cuando aparecieron — en los rituales shintoistas — los primeros gohei

Gohei

(cintas de papel blanco, plegadas en forma de zigzag), símbolos de la presencia divina. Por su dificultad de producción y su costo consecuente, el papel por aquel entonces era ya considerado un material noble. También durante las ceremonias nupciales shintoistas era costumbre fijar mariposas de papel en las botellas de sake con las cuales se llenaban las copas utilizadas por los desposados para brindar por la felicidad de su unión. Este par de mariposas (o-chō, o “mariposa macho”, y me-chō, “mariposa hembra”) tenía un profundo significado augural y su plegado estaba reservado solamente a los familiares más cercanos de los nuevos esposos, siendo considerada su confección como una tarea de gran honor.

O-chō (izquierda) y me-chō (derecha)

  El otro protagonista del primitivo origami fue el noshi — una faja de papel plegado, utilizada para acompañar los regalos. Para el siglo XII, la práctica del plegado del noshi asumió significados particulares: la elección del papel y su forma de plegarlo en armonía con el obsequio a realizar revelaban el prestigio y la posición social del remitente, mientras que la mayor o menor complejidad de los pliegues demostraba la consideración que el realizador del noshi tenía para con el destinatario del presente.

Noshi

  A mediados del Período Edo (1603-1868), el origami pasó de ser una prerrogativa del arte religioso a protagonizar todo tipo de advenimiento mundano. Este pasaje de la utilización sagrada del papel a aquella profana marcó el comienzo de la gran popularidad del origami en el Japón. A partir de dicho período, pequeños objetos de uso doméstico (como agujas o carreteles de hilo) comenzaron a ser colocados en diminutos contenedores de papel (tattō), mientras que las hierbas medicinales eran guardadas en envoltorios (tsutsumi) que — realizados en papel — permitían mantener el grado justo de humedad natural sin que las hierbas se comprimieran. Asimismo, los niños eran enseñados a confeccionar sus propios juguetes de papel, tales como cascos de guerreros (kabuto) y barriletes a pequeña escala.

Kabuto

  Desde que comenzó a utilizar el papel, el Occidente debió esperar casi siete siglos para conocer el origami. El encuentro se produjo en 1860, cuando un prestidigitador japonés de gira por Europa maravilló a su público exhibiendo una grulla de papel que movía el cuello al ser tirada de la cola. De esta manera, el origami comenzó a difundirse tímidamente en el mundo, para con el curso del tiempo empezar a ganar más y más adeptos entre los no japoneses.

Grulla

Marcelo Carballal