La mujer y el AIKIDO

El Aikido es un arte muy popular entre las mujeres. Uno de los motivos es que sus técnicas no se basan en la fuerza física para resultar eficaces. En lugar de eso, se aprende a generar una enorme potencia utilizando la postura y la respiración, tomando prestada la fuerza del agresor.

Otra razón, es que el Aikido nunca se utiliza con fines agresivos. Se redirige la fuerza aprendiendo a defenderse de manera efectiva sin anclarse sobre la violencia.

Los beneficios para la salud física y mental son innumerables, pero los movimientos básicos brindan especial vigor y tono muscular. Practicando en una atmósfera agradable y relajada, se consigue una energía equilibrada y revitalizada.

La mujer Aikidoka se asemeja a una flor de cerezo, cuya delicadeza no se opone a la fuerza de su energía interna.

 

 Profesora Stephanie, esposa del Maestro Ando, en clases de madres con sus hijos

 

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Fragmento de la entrevista al Sensei Tsuneo ANDO, realizada por la revista Urbannikkei en Octubre de 2009:

La mujer en el aikido

Ando Shihan.: “Está sucediendo un fenómeno muy curioso en Japón en que las mujeres se están inclinando a practicar aikido. En mi dojo (lugar de práctica) son muchas las que se han incorporado, sobre todo amas de casa, que luego traen a sus hijos a practicar y posteriormente a sus maridos. Por eso creo que el aikido se ha convertido en una suerte de motor integrador de la familia, una buena excusa para que se una más la familia, siendo la mujer la protagonista principal iniciadora de este movimiento. Un punto interesante es que las mismas madres ayudan a inculcar con mucho entusiasmo a sus hijos las técnicas de aikido y con el marido se crea una mejor relación, en base a los principios e ideología del aikido. Por eso creo que la mujer está tomando un rol fundamental dentro de la difusión de esta disciplina, siendo la mayor influencia para que otros lo practiquen.

Mi esposa es sudafricana. Cuando aún no nos conocíamos, ella había venido de viaje de estudios a Japón, ya que le gustaba mucho la cultura japonesa. Un amigo suyo también sudafricano, que justamente era alumno de nuestra escuela, la invitó a presenciar una clase, y fue así que se interesó por el aikido. Como sabemos, Sudáfrica ha sufrido el apartheid, es uno de los países con más tasa de afectados por HIV y hay muchos niños abandonados o huérfanos. Bajo este panorama, ella tiene el proyecto de llevar el aikido a su país. Encontró en esto no sólo una forma de vida, sino un modo de aportar una ayuda a su castigado pueblo. A causa de esto, la aceptamos como uchideshi, empezó a tomar clases intensivas, le enseñé cómo administrar un dojo, pero entre una cosa y la otra, terminó siendo mi esposa (risas).

Por todas estas causas es que pienso que el aikido es el arte marcial que mejor se adapta a la fisonomía de la mujer. Pienso que en el futuro, el aikido femenino se convertirá en una gran fuerza”.